top of page
Buscar

Continuación del capítulo 7.2

Es como si la ciudad se doblara sobre sí misma. Como si siempre estuviera en el mismo punto. Como si no hubiera salida.

—Majyo…

Está en los muros.

En las ventanas.

En las sombras.

En mí.

Mi pecho pesa. No es solo miedo… es algo más profundo. Más antiguo. Algo que no entiendo, pero que mi cuerpo parece reconocer.

Siento que la ciudad me observa.

Que me reconoce.

Que me espera.

Y justo cuando esa presión se vuelve insoportable—

Despierto.

El líquido aún se desliza por mi cuerpo dentro de la cabina. Respiro con dificultad por un segundo… pero no me ahogo. No esta vez.

Aunque algo se quedó conmigo.

El eco.

Alzo la mirada.

Adam está frente a mí, inclinado como puede, como si el espacio no estuviera hecho para su cuerpo. Sus labios se mueven, intentando decir algo, pero no escucho nada.

En cambio, el Alter aparece en una de las interfaces. Las palabras se forman frente a mí:

Despierta. Todo bien. Estamos por irnos.

Parpadeo.

—Sí… no hay problema… vámonos.

La cabina responde.

Una luz anaranjada se enciende desde los bordes, mezclándose con tonos rojizos que laten suavemente, como un pulso. A mi alrededor, múltiples pantallas se activan una tras otra.

Miro.

Veo el exterior.

El titán se está moviendo.

Lo siento antes de entenderlo: ese desplazamiento pesado pero fluido, casi orgánico. Las estructuras colosales quedan atrás mientras avanzamos. El entorno cambia poco a poco, volviéndose más denso… más definido.

Como si estuviéramos cruzando algo.

Un límite.

Y no puedo evitar pensarlo.

Nos estamos adentrando.

Más profundo.

Hacia Fiora.

Seguramente… ya cruzamos la frontera. Siento algo detrás de mí.

Adam está ahí… lo sé.

No lo veo directamente, pero percibo su presencia. Se mueve, intenta decir algo. Sus labios se mueven… hay intención en él.

Pero no escucho nada.

No puedo.

Frunzo el ceño, intentando concentrarme, como si eso fuera suficiente para romper esa barrera invisible entre nosotros.

Y entonces…

Algo cambia.

No es un sonido.

No es una voz.

Es… una intrusión suave. Como si algo se acomodara dentro de mi mente, como si una puerta que no sabía que existía se abriera sin hacer ruido.

Una conexión.

La siento.

Profunda… limpia… demasiado precisa para ser natural.

Esto… es tecnología.

Antigua.

Perdida.

La misma que buscan con tanto celo dentro de las Arks.

Y está aquí.

Dentro del titán.

Entonces, su voz aparece.

No desde afuera.

Desde dentro de mí.

—Dime, Eru… ¿tú sabes quién eres?

Parpadeo.

Me quedo quieta.

No me asusto… no como antes. Es extraño, sí… pero no me rompe. Solo me deja… alerta.

Intento responder.

—Yo…

Abro la boca.

Pero no escucho mi propia voz.

Nada.

Es como si hablara al vacío.

Eso me incomoda más de lo que esperaba. Intento otra vez, forzando un poco más… pero sigue sin haber sonido.

Y aun así…

Sé que él me escucha.

La conexión.

Trago saliva, adaptándome a esa sensación antinatural, y respondo como puedo:

—No…

Mi voz existe… pero no para mí.

Adam guarda un breve silencio. Lo siento más que percibirlo.

Luego vuelve.

—Este titán puede reflejar memorias.

Sus palabras se asientan dentro de mí con claridad.

—Puede mostrarnos lo que fue… lo que quedó registrado en él.

Respiro hondo, concentrándome en cada palabra.

—Y no es algo reciente. Viene de antes de que Maquia desapareciera.

Antes.

Esa palabra pesa.

—De una época donde el poder económico lo era prácticamente todo… y la enormidad, la ostentación de las máquinas y la tecnología demostraban fuerza.

Imágenes vagas comienzan a formarse en mi mente. Ecos. Sombras de algo que no viví… pero que ahora puedo casi sentir.

—Era una forma de imponerse. Frente a reinos… y frente a posibles saboteadores.

Me detengo.

Proceso.

Intento ordenar lo que dice, lo que sentí… lo que vi antes de despertar.

Necesito claridad.

Me concentro, intentando proyectar mejor mis palabras a través de esta conexión.

—Entonces… —hago una pausa— …¿podríamos comparar notas mientras llegamos a Fiora?

Silencio.

Luego…

Siento algo distinto en él.

Más ligero.

Casi… una sonrisa.

—Ya hemos cruzado la frontera.

Eso me detiene.

—Estamos en Fiora.

Mi cuerpo se tensa apenas.

—Pero a donde vamos… está mucho más al norte.

Hay algo más en su tono ahora. Interés. Enfoque.

—Y me interesa mucho comparar lo que sabemos con ayuda del titán.

Una pausa.

Más profunda.

—Porque podría mostrarnos algo que no esperamos.

Otra pausa.

Lo que entiendo… no encaja.

Las Ark fueron creadas para salvar el planeta. Eso es lo que siempre nos dijeron. En ellas guardaron todo con un cuidado casi obsesivo: información de cada ser vivo, semillas, ADN, notas, conocimiento de sintéticos, fetos, vacunas, químicos… todo lo necesario para reconstruir el mundo después de cualquier catástrofe.

Todo.

Previeron todo.

Demasiado.

Y después de lo que vi en Idalia… no puedo dejar de preguntarme: ¿para qué?

Es como si no solo se prepararan para algo posible… sino para algo inevitable. Algo tan grande que no debía ocurrir… pero que, de alguna forma, sabían que iba a llegar.

Entonces pienso en la Purga.

En cómo culpamos a los celestes. Enfermedades. Creencias. Miedo. Religión. Y en medio de todo eso… las Ark se perdieron.

Las destruimos.

Las escondimos.

Las buscamos desesperadamente después.

Porque sabíamos que sin ellas… no sobreviviríamos.

Y aun así…

Fuimos nosotros.

Nosotros causamos todo.

La idea me pesa mientras intento ordenarla, mientras intento darle sentido. Pero no lo tiene. No del todo.

—No entiendo… —proyecto finalmente, con dificultad—. Si todo eso era para salvarnos… ¿de qué exactamente?

Siento a Adam.

Siempre igual.

Calmo.

Presente.

Casi… cercano.

—Esa es la pregunta correcta, Eru.

Su voz no juzga. No corrige. Solo… acompaña.

—Tal vez no se trataba solo de sobrevivir… sino de preservar algo antes de que ocurriera lo inevitable.

Frunzo el ceño.

—¿Pero qué inevitable? —insisto—. Si fuimos nosotros… si destruimos todo…

Hay un pequeño silencio.

—¿Y si no fue el inicio… sino la consecuencia?

Eso me detiene.

Pero no alcanzo a responder.

Porque el titán… responde antes.

La conexión cambia.

Se profundiza.

No es como antes.

Ahora es más intenso.

Más real.

Como si dejara de estar en mi cuerpo… sin dejar de estarlo.

Estamos soñando.

Pero no estamos dormidos.

Y entonces…

La veo.

La ciudad.

Otra vez.

Se alza frente a nosotros, inmensa. Torres delgadas y puntiagudas que se elevan hacia el cielo, formadas por capas interminables de ventanas. Filas y filas de luz cálida que lo cubren todo. Calles de piedra que se extienden como venas antiguas.

Es hermosa.

Demasiado.

Y aun así… hay algo mal.

Lo siento de inmediato.

—Majyo…

La palabra vuelve.

En cada rincón.

En cada muro.

En cada espacio vacío.

—Majyo…

Esta vez no camino sola.

Adam está conmigo.

Lo sé.

Lo siento dentro de la misma conexión.

—¿Lo ves? —pregunto, sin saber si mi voz suena—.

—Lo veo —responde él—. Y no es solo una visión… es memoria.

Las sombras aparecen.

Igual que antes.

Se mueven entre las calles, entre los arcos, entre las luces. Pero ahora… reaccionan.

Se esconden.

Se repliegan.

Como si algo estuviera por ocurrir.

—Majyo…

La palabra cambia.

Ya no es solo un eco.

Es una advertencia.

De pronto…

Las luces comienzan a apagarse.

Una por una.

Las ventanas dejan de brillar. La calidez desaparece. La ciudad pierde su pulso.

Las sombras huyen.

Se esconden en grietas, en rincones, en cualquier lugar donde la luz no alcance.

Y entonces…

Oscuridad.

Fría.

Pesada.

La ciudad se transforma.

Lo que antes era elegante… ahora es opresivo. Las torres se sienten más altas, más cerradas. Las calles más estrechas. El aire… más denso.

Más muerto.

—¿Por qué vemos esto? —pregunto, sintiendo cómo algo en mi pecho se aprieta—. ¿Qué es Majyo?… ¿Qué nos quiere mostrar?

Adam no responde de inmediato.

Y eso… me inquieta más que cualquier cosa.

Cuando finalmente habla, su voz sigue siendo calma… pero hay algo más debajo.

Algo más serio.

—Si el titán refleja memorias… entonces esto ya ocurrió.

Miro a mi alrededor.

A la ciudad muerta.

A la palabra que aún parece vibrar en las paredes.

—Entonces Majyo… no es solo una palabra —continúa—.

Pausa.

—Es un evento.

El aire se vuelve más pesado.

—¿Una catástrofe…? —pregunto.

—O el nombre de algo que la causó.

Silencio.

Siento cómo esa idea se asienta dentro de mí.

—Entonces las Ark… —murmuro— …no eran solo por si acaso…

—No —responde Adam—.

Otra pausa.

Más profunda.

—Eran para después de esto.

Miro la ciudad.

Oscura.

Vacía.

Muerta.

Y por primera vez…

Entiendo por qué no quería encontrar la respuesta.

Porque ahora…

La pregunta cambió.

No es qué es Majyo.

Es—

¿Sigue ocurriendo?

Siento cómo la conexión se expande.

No solo soy yo.

No solo es Adam.

Hay más.



 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Continuación del capítulo 7.7

Otra cosa que… voy a tener que aprender rápido. Aprieto un poco más la almohada contra mí. Y por un momento… Quiero pretender que escuchó el leve sonido de la ciudad allá afuera. Y el eco de todo lo q

 
 
 
Continuación del capítulo 7.6

Y yo… Solo seguía intentando entender qué estaba pasando. Porque cuanto más avanzábamos entre aquella ciudad de luz amarilla, magia y belleza… Más sentía que nosotros no pertenecíamos ahí. O peor. Que

 
 
 
Continuación del capítulo 7.5

Según los registros, Leim era el nombre de la deidad madre… la que dio origen a todo: tierra, ríos, mares… Y ese punto exacto— La puerta frente a nosotros— Era donde, supuestamente, todo comenzó. Ahor

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page