Continuación del capítulo 7.3
- Jonn All
- 12 may
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Lo percibo como nuevas presencias que se “encienden” dentro del mismo espacio mental, como si las tres cabinas finalmente se alinearan… como si el titán hubiera decidido que ya no hay barreras entre nosotros.
Y entonces—
—Majyo… la ocupamos en Velmar.
La voz irrumpe.
Youni.
Parpadeo, desconcertada.
—Los Erlks… —continúa, con naturalidad— le decían Majyo a los que tienen afinación por las artes mágicas oscuras.
Eso me sacude.
Miro la ciudad a nuestro alrededor… o lo que queda de ella.
—Esa ciudad… sin duda es Errlsa —añade—. Bueno… parte de ella sigue en pie. Aún hay quienes saben de magia… pero no será fácil. Son poderosos… y pelean de manera muy vistosa.
Siento cómo algo en mí se encoge.
Vergüenza.
Calor en el rostro, aunque no tenga un cuerpo aquí como tal.
No estaba sola.
Nunca lo estuve.
Itsuki se ríe.
Claro que lo hace.
—Perdón —dice entre esa ligereza que lo caracteriza—, debí avisar.
—Yo también me disculpo —agrega Youni—. Tenía que decirlo… Adam es muy pasivo.
—No estaba seguro de que todos estuvieran poniendo atención —responde Adam, con esa calma que no pierde—. Pero estoy de acuerdo… esa ciudad… ya la he visto antes.
Hay una pausa.
Luego—
—Gracias, Youni.
Respiro hondo.
O lo intento.
Y entonces hablo.
No porque tenga claridad… sino porque ya no puedo cargarlo sola.
—Perdónenme…
La palabra pesa.
—Pero… en verdad necesito ayuda.
Mi voz… sigue sin existir para mí. Pero sé que llega.
—Han pasado demasiadas cosas… y… —me cuesta decirlo— quiero entender cómo ayudar. Mi vida cambió… y no estoy segura de qué se supone que debo hacer… ni por qué soy importante.
Silencio.
Pero no es vacío.
Es atención.
—Unm nos metió en la cabeza que Ar era la respuesta —continúo, arrastrando dudas que no son solo mías—. Que con él encontraríamos todo…
Itsuki interviene.
—Sí… eso creímos.
Eso creímos.
Pasado.
Inseguro.
Frágil.
Y entonces—
Otra presencia.
Distinta.
Más firme.
Más… antigua.
Luna.
—Majyo no es solo gente con magia.
Su voz corta el espacio con claridad.
Y el titán… responde.
La ciudad cambia.
Las memorias se intensifican.
Vemos más.
Calles llenas.
Gente.
Movimiento.
Vida.
—Son malditos —continúa Luna—. Usan magia… pero a un precio.
Las imágenes se vuelven más específicas.
Personas canalizando energía.
Luz.
Oscuridad.
Belleza.
Y dolor.
—Para muchos… es un tabú.
Veo cómo algunos los observan con miedo.
Otros… con odio.
—Sus poderes son espectaculares… tanto que asustan.
Una figura alza la mano.
Algo imposible ocurre.
Demasiado perfecto.
Demasiado antinatural.
—Y muchos los usaron con fines egoístas.
La imagen cambia.
Caos.
Deseo.
Abuso.
—Eso hizo que otros comenzaran a preguntarse… por qué ellos.
Siento la tensión crecer en la ciudad.
División.
Envidia.
Resentimiento.
—Por qué unos nacían con afinidad mágica… y otros no.
Las miradas cambian.
Se endurecen.
—Y como siempre…
Pausa.
—Culparon a los celestes. A sus dioses. A sus salvadores.
Las imágenes se tornan más oscuras.
Conflictos.
Juicios.
Señalamientos.
—Eso no ayudó.
La ciudad… Errlsa… sigue viva frente a nosotros.
Pero ya no se siente igual.
—Durante mucho tiempo —continúa Luna— fue el centro de estas artes. No solo oscuras… mágicas en general.
Y entonces…
Todo cambia.
La atmósfera se tensa.
Algo llega.
Algo importante.
—Hasta que recibió una visita.
Las sombras se alargan.
La luz cambia.
—La princesa del universo.
Lo dice con un tono burlón.
Casi cruel.
—La joven hija del Sol.
Siento un escalofrío.
Antes de entender por qué.
—Eru.
El nombre cae.
Mi nombre.
Todo se detiene.
—La inalcanzable… pero bella.
Las imágenes se distorsionan.
—La que embruja…
Las sombras se retuercen.
—Como la madre de todos los demonios.
El aire pesa.
—O de todos los males.
No puedo moverme.
No puedo pensar.
La ciudad…
La palabra…
Majyo…
Todo se conecta.
Siento que esto—
No es solo historia.
Es sobre mí.
La presencia de Luna no se suaviza.
Al contrario.
Se vuelve más dura.
Más directa.
—Por eso ella es Eru… su nombre—
Su tono corta.
Seco.
Casi… grosero.
No termina.
Ar la interrumpe.
Su voz entra clara, firme, sin dudar.
—Aquella de las llamas en sombra… donde ningún ser alado puede volar.
Siento cómo algo se me aprieta en el pecho.
No entiendo… pero lo entiendo demasiado.
Adam toma la palabra, como siempre.
Calmo.
Casi gentil.
—Sí… Eru Avernyu.
Mi nombre completo resuena distinto.
Más pesado.
—Donde la sombra quema a los seres alados… muchos lo tomaron muy mal. Como si la libertad les fuera amputada.
Libertad.
Amputada.
Las palabras se clavan.
—Por eso… Eru.
No puedo decir nada.
No quiero.
Siento incomodidad. Vergüenza. Algo más profundo… algo que no sé nombrar.
Mi nombre…
No es solo un nombre.
Y eso me hace sentir… terrible.
Antes de que pueda procesarlo—
—Sí, de acuerdo, pero—
Youni.
Su voz entra rápido.
Casi como si quisiera romper el peso.
—En el norte, en Eisen, Eru es “la que trae consigo las llamas entre la sombra”… aquella que alumbra la oscuridad.
Parpadeo.
Eso…
Eso es distinto.
Siento cómo el ambiente cambia apenas.
Adam lo nota también.
Lo sé.
—En Eisen —continúa él, retomando con suavidad— hay un cuento.
Su tono baja un poco. Más narrativo.
—Se decía que el fuego fatuo era el único capaz de cruzar el paso de Leim.
Las imágenes comienzan a formarse.
Arena dorada.
Oscuridad.
Un brillo tenue flotando.
—Y que si te dormías… y soñabas con esa arena… ese fuego te guiaría.
Más claro ahora.
Más cálido.
—Te llevaría con los antiguos… para darte las riquezas de la ciudad.
La sensación cambia.
Por un momento…
No todo es peso.
No todo es culpa.
—Fue en esa época —continúa Adam—, en el norte… cuando comenzó la carrera del poder económico.
Las imágenes evolucionan.
Ciudades en expansión.
Movimiento.
Intercambio.
—El acuñado de moneda… el dominio de metales complejos para crear créditos…
Estructuras.
Sistemas.
Orden.
—Metales únicos… provenientes de la antigua ciudad de los enanos.
Puedo casi verlos.
Forjando.
Calculando.
Creando valor.
—Ellos comenzaron a cobrar por el comercio… y eso se expandió.
Rutas.
Intercambios.
Crecimiento.
—Con nuevos materiales… y con la tecnología del Sol… todo empezó a moverse.
El mundo…
Avanza.
Se conecta.
Se transforma.
—Y gracias a eso—
Youni vuelve a interrumpir.
Pero esta vez… no molesta.
—Gracias a eso conocieron a la belleza única de Eru.
Me quedo inmóvil.
—Y su nombre… empezó a significar muchas cosas.
Las imágenes se fragmentan.
Historias.
Versiones.
Mitos.
—Historias que la involucran en todo tipo de cosas.
Siento cómo todas esas versiones…
Pesan sobre mí.
Como si no fuera una persona.
Sino…
Un significado.
Una idea.
Una figura.
Y no sé cuál de todas soy.
O si alguna vez…
Fui solo yo.
—Llegamos.
La voz de Ar irrumpe.
Directa.
Sin aviso.
—¿A dónde? —respondo de inmediato, casi sin pensar.
Algo no está bien.
Lo siento.
Todos… lo sienten.
Youni duda. Adam parece a punto de hablar. Itsuki… está completamente perdida, se le nota en el rostro, como si no alcanzara a entender qué está pasando.
Entonces Luna corta todo.
Firme.
Energía pura.
—No. Tú no te has recuperado para esto.
Su tono no deja espacio a discusión.
Pero Ar…
No le hace caso.
Ni siquiera la reconoce.
Se dirige a mí.
Solo a mí.
—Estamos en la entrada al paso de Leim.
El nombre me golpea.
—Si eres Eru… si en verdad eres Eru… necesito hacer esto.
Hay algo en su voz.
Urgencia.
Convicción.
—Y ella se lo merece.
—¿Cómo que el paso de Leim? —pregunto rápido, atropellando mis propias palabras— ¿Cómo puedo…?
No termino.
Ar hace una pausa.
Y Adam entra.
Como siempre.
Calmo.
Intentando ordenar el caos.
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