Continuación del capítulo 7.4
- Jonn All
- 12 may
- 5 min de lectura
—Pensamos que iríamos al hangar del Ark 10… donde estamos conectados…
Pero no termina.
Ar lo interrumpe.
Otra vez.
Más firme.
Más intenso.
—Lo que hiciste con la mano… el ataque a Baran…
Silencio.
—No puede hacerlo una diosa cualquiera.
Siento cómo todo dentro de mí se detiene.
—Pero aún no eres tú.
La frase cae.
Pesada.
—No estás completa.
Nadie habla.
Nadie.
Ni siquiera yo.
—Necesito saber la verdad —escucho mi propia intención formarse, aunque no la oiga—. Si de verdad soy lo que dicen… si soy la elegida…
Trago.
—Esto debería funcionar.
Ahora sí reaccionan.
Todos.
—No es buena idea —dice Youni, más firme que antes.
—Ar, detente —Adam ya no suena solo calmado… suena preocupado.
—Esto no es un juego —añade Luna, con tensión real en su voz.
Pero Ar…
Ya decidió.
El movimiento se detiene.
El titán…
Se detiene.
Y entonces—
La conexión se corta.
De golpe.
Silencio.
Vacío.
Me quedo sola.
Solo veo a Adam frente a mí.
Pero ahora…
Evita mirarme.
Su expresión…
Es de preocupación.
Real.
Eso me da un escalofrío.
Uno que no puedo ignorar.
—Adam… —intento, pero ni siquiera sé si mi voz llega.
No responde.
Y entonces—
La cabina se mueve.
No sé cómo explicarlo.
No es como antes.
Es más… físico.
Más directo.
Algo cambió.
Miro hacia afuera.
Y lo veo.
Ar.
De pie.
Esperándome.
Su mano extendida hacia mí.
Invitándome a salir.
El aire… se siente distinto.
Más pesado.
Más antiguo.
Y esa pregunta no deja de golpearme:
¿Qué es Leim?
¿Por qué todos reaccionaron así?
¿Qué tiene ese lugar… que incluso ellos… dudan?
Miro su mano.
Luego… el exterior.
Luego… a Adam.
Y entiendo algo.
No importa qué haga…
Esto ya empezó.
Respiro.
O lo intento.
Y doy un paso.
Hacia la salida.
Estoy confundida.
Pero aun así… salgo.
La cápsula me desprende del titán y desciendo lentamente desde la nuca del Keberos. El aire es distinto aquí afuera… más seco… más real. Mis ojos buscan de inmediato—
Ar.
Lo encuentro.
Está ahí.
Inmóvil.
De pie frente a lo que parece ser una puerta enorme, incrustada bajo un puente colosal. La estructura es antigua… piedra color arena, tallada con precisión, incrustada con gemas que reflejan la luz como si aún conservaran algo de vida propia.
Pero no está solo.
Hay gente.
Mucha.
Movimiento constante.
El lugar respira.
Entre callejones estrechos y caminos abiertos, veo comerciantes, telas, metales, voces que se cruzan, manos que intercambian objetos. Es una estampa viva: arena, mercado, tránsito… filas largas de caminantes que atraviesan el paso como si fuera algo cotidiano.
Y aun así…
No lo es.
No después de todo lo que pasó.
El titán se detuvo a unos metros de ahí.
Demasiado cerca.
Ar no se mueve.
Sigue igual.
Estoico.
Como si estuviera esperando algo… o a alguien.
Luna está con él, hablándole sin detenerse, aferrada a su mano como si no quisiera soltarlo. Youni e Itsuki se asoman; Itsuki me hace señas claras—
Ella tampoco entiende.
Duda.
No sabe si debo acercarme.
Y eso… no ayuda.
Entonces—
Adam.
Lo siento antes de verlo.
Su preocupación pesa.
Intenta hablarme.
Mi Alter traduce fragmentos, como puede:
Leim es peligroso… más si no estás segura de que eres la diosa… en Ersil las cosas están perdidas… no podemos apoyarlos… por favor, haz entrar en razón a Ar…
Me quedo quieta.
Eso…
No me detiene.
Esta vez no.
No voy a retroceder.
No voy a ser la carga de nadie.
Hay demasiadas cosas que necesito entender.
¿Por qué Ar odiaba a las diosas… y cambió tan rápido?
¿Qué es esa bestia negra… que aún me provoca escalofríos?
¿Y cómo que no soy Eru todavía?
¿Qué me falta?
Aprieto los puños.
Y esa duda…
“si no estás segura”
Me lo han repetido demasiado.
Entonces—
¿Por qué estamos aquí?
¿Qué es Leim exactamente?
Mi mente se llena.
Demasiadas preguntas.
Demasiado ruido.
Y entonces—
Siento cómo el Alter se activa.
Diferente.
No es como cuando traduce a Adam.
Esto es más profundo.
Más rápido.
Más… directo.
Youni me está hablando.
Pero no a mí.
Le habla al Alter.
Y el Alter… conectado a mis nervios, a la placa en mi cuello… procesa todo y me lo entrega de inmediato, sin retrasos, sin ruido, como si acomodara cada idea en el lugar exacto dentro de mi mente.
La información llega clara.
Eficiente.
—Leim: identificación histórica— —Equivalente: Bazar de Heim—
Parpadeo.
Y en cuanto leo eso…
Algo se activa.
No es el Alter.
Soy yo.
Un recuerdo.
Mei.
—El Bazar de Heim…
Lo veo.
Lo recuerdo.
—Era el punto más importante de comercio.
La idea llega completa, no fragmentada.
—Donde convergían rutas, información… acuerdos.
Miro el puente otra vez.
Ahora tiene sentido.
Todo.
—Era una zona neutra…
Sí.
Eso también lo recuerdo.
—Un lugar donde no se peleaba.
Donde no se debía pelear.
Respiro más lento.
Más consciente.
—Por eso era importante para Idalia…
No solo por lo que se vendía.
Sino por lo que representaba.
Vuelvo completamente.
Aquí.
Ahora.
Leim.
El paso de Leim.
Miro a Ar.
Sigue ahí.
Esperando.
Y entonces lo entiendo mejor.
No es solo un lugar.
Es un símbolo.
Un límite.
Una regla.
Y Ar…
Nos trajo justo aquí.
El único lugar donde romper algo…
Significa romperlo todo.
Mi mirada baja hacia su mano extendida.
Y esta vez…
No dudo.
Porque ya no es solo curiosidad.
Es necesidad.
Necesito saber.
En ese momento, cuando mi cabeza parecía hundirse sola en un mar de preguntas, Ar finalmente se movió.
Levantó la mano.
Y señaló.
No a la enorme puerta frente a nosotros… sino a un punto lateral, entre calles abarrotadas de gente. Seguí la dirección de su gesto y lo encontré: un edificio peculiar, distinto a todo lo demás.
Se alzaba entre tejados y pequeñas torres, construido con ladrillo color arena y secciones de pintura blanca desgastada. Los Maderos reforzaban su estructura, como si hubiese sido armado a partir de ruinas del mundo antiguo. Las lámparas que colgaban a su alrededor iluminaban la calle con una calidez extraña… y aun así, el lugar destacaba incluso a la distancia.
Era… reconocible.
Importante.
Antes de que pudiera decir algo, Luna reaccionó.
Se movió de inmediato hacia el lado opuesto, ocultándose parcialmente, pero sin soltar a Ar. Seguía aferrada a su brazo con una insistencia que ya no parecía casual.
Ar, en cambio…
No se movía.
No hablaba.
Y ese maldito casco no me dejaba ver nada de él.
Entonces, la voz regresó.
No directamente.
Youni hablaba al Alter.
Y el Alter me hablaba a mí.
La información fluía con rapidez, precisa, ordenada… como si cada dato encontrara su lugar exacto dentro de mi mente. Adam intervenía de vez en cuando, complementando, afinando detalles con su tono calmado.
Sentí entonces la mano de Itsuki tomar la mía.
Firme.
Presente.
Adam se acercó para ayudarme a bajar del Keberos, pero no fue necesario como imaginé. La estructura del titán cambió sutilmente… como si respondiera… formando algo parecido a escalones. Descender fue fácil.
Demasiado fácil.
Y mientras bajábamos, la conversación se intensificó.
Miraba a todos lados.
El bazar estaba vivo.
Gente, voces, movimiento constante.
Youni y Adam coincidían en algo:
El Bazar de Heim, como lo conocíamos… no tenía nada de malo.
La información era correcta.
Era un punto de comercio.
Un lugar de intercambio con los enanos.
Pero entonces—
La duda.
¿Por qué los enanos pasaban por Ersil?
Ahí… nadie tenía una respuesta simple.
Ersil o Esil.
La ciudad perdida.
Un lugar que, para Idalia, significaba una sola cosa:
Muerte segura.
No podía mapearse.
Los instrumentos fallaban.
Las comunicaciones desaparecían.
Explorarla requería magia… y quienes podían hacerlo cobraban cantidades absurdas.
Hubo nobles que lo intentaron.
Ninguno regresó.
Por eso, el interés en Esil siempre fue inmenso pero… negativo.
Evitarla.
Olvidarla.
Pero Youni corrigió eso.
Y Adam lo confirmó.
Esil no era solo una ciudad perdida.
Era parte del Paso de Leim.
Leim…
La referencia más antigua.
La era de los dioses.
Comentarios