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Continuación del capítulo 7.5

Según los registros, Leim era el nombre de la deidad madre… la que dio origen a todo: tierra, ríos, mares…

Y ese punto exacto—

La puerta frente a nosotros—

Era donde, supuestamente, todo comenzó.

Ahora…

Se entendía como la entrada a Esil.

Pero entonces Adam agregó algo más.

Algo que cambió el peso de todo.

Antes de dar los últimos pasos, antes de tocar tierra, antes de sentir el frío de la nieve bajo mis pies—

Nos habló de una acusación.

Ersil acusó al Esil del Reino de haber robado a su princesa.

En la era de las deidades. Ersil o Esil, fueron los primeros en recuperar la magia de los antiguos celestes, y a los nobles se les llaman Esiles o Estil, pues se habían ganado el favor del pueblo al que representaban. Y se consideraban de confianza en Esil.

Cuando Soleil era el héroe del llamado Primer Reino . Era un Esil, es decir el Estil Sol.

Esil… no era cualquier ciudad.

Era el lugar donde se desarrollaron las Arks, Donde el conocimiento era tomado como bandera y la Magia era el dia a dia, para sus habitantes, los cristales y riquezas abundan para todos por igual, aunque esto despertó la envidia de varios Esil era poderosa y siempre permaneció de pie.. Hasta que….

Donde Charles, Maria y Lewis trabajaron juntos para construir el futuro.

Para crear a…

Alice.

Y entonces—

La guerra.

Nadie sabía exactamente cómo es que todo se descompuso pero hay, comenzó.

Pero esa acusación fue suficiente, para envenenar la hermosa ciudad. Hasta que esta murió.

Cerró sus puertas.

Y desde entonces…

Se cree que la pesadilla comenzó ahí dentro.

El relato terminó justo cuando mis pies tocaron el suelo.

Tierra.

Nieve.

Leim.

Levanté la mirada.

Las puertas eran… inmensas.

La ciudad…

Aplastante.

Antes de poder reaccionar—

Youni e Itsuki me cubrieron.

Casi por completo.

Demasiado cerca.

Demasiado encima.

Podía sentirlo—

No era protección normal.

Era ocultamiento.

Me faltaba el aire.

Iba a preguntar.

A exigir una explicación.

Pero Adam se adelantó.

Se colocó frente a mí.

E hizo una señal clara.

Ten cuidado.

El Alter lo transmitió sin distorsión.

No es seguro para ti.

Miré a Itsuki. Y la máquina, es decir el Titan enorme había desaparecido, no tuve mucho tiempo para sorprenderme, Itsuki parecía preocupada.

Su rostro lo confirmó.

Esto no era exageración.

Entonces Ar se acercó.

No lo escuché directamente.

Pero el Alter sí.

Y fue claro:

—No venimos a contarte historias. Vamos al gremio.

Luna evitaba mirarme.

Seguía aferrada a él.

Como si yo…

Fuera el problema.

Y lo entendí.

Algo no estaba bien.

Nada de esto lo estaba.

Que me ocultaran…

Nunca era buena señal.

Aun así—

Ya estaba aquí.

A solo unos metros, de entrar.

Respiré hondo.

Y avancé.

Firme.

Atenta.

Adentrándome por primera vez…

En el Bazar de Heim.

El Paso de Leim.

Camino.

No me detengo.

Aunque todo a mi alrededor me pide que lo haga.

El Bazar… no es solo ruido… es vida desbordándose.

Pero entonces llegamos.

Y lo veo.

El edificio al que Ar señaló.

Desde afuera ya se sentía distinto… pero al cruzar el umbral—

Me envuelve.

Luz.

Una luz amarilla, cálida… viva… como si respirara.

Parpadeo.

No por confusión…

Sino porque no sé dónde mirar primero.

Todo está lleno.

Estantes altos, repletos de libros de todos los tamaños y colores, algunos viejos, otros brillando tenuemente como si guardaran algo dentro. Objetos imposibles colgando entre ellos, frascos, piezas metálicas, artefactos que parecen latir con energía propia.

Y gente…

Pero no como la que conozco.

Razas.

Formas.

Algunas que solo había escuchado en historias… otras que ni siquiera sabía que podían existir. Ojos distintos. Pieles que reflejan la luz de formas extrañas. Presencias que se sienten… pesadas… antiguas.

Magia.

Por todas partes.

No como algo oculto.

Sino como algo cotidiano.

Viajeros cruzan de un lado a otro, capas, armaduras ligeras, bastones, símbolos que no entiendo. Todo mezclado entre madera color maple que cubre vigas, barandales y mesas, combinándose con piedra trabajada y detalles metálicos que sostienen la estructura como si fueran parte de un mecanismo más grande.

Y entre todo eso…

Verde.

Plantas.

Enredaderas que bajan desde lo alto, flores que adornan esquinas, macetas colgantes… como si el lugar se negara a ser solo construcción.

Como si estuviera vivo.

Me quedo un segundo más de lo necesario.

Youni me guía.

Sutil.

Sin tocarme.

Pero marcando el ritmo.

Itsuki no suelta mi mano.

Eso me mantiene… aquí.

Adam camina un poco más atrás.

Lo siento.

Vigilando.

Pensando.

Ar avanza al frente.

Sin mirar atrás.

Luna… sigue a su lado.

Aferrada.

Sin voltear hacia mí.

Cada uno está en su propio lugar.

Camino detrás de ellos intentando no llamar la atención.

Pero eso… ya es imposible.

Desde que cruzamos las puertas, el ambiente cambió.

Lo sentí de inmediato.

El lugar era enorme. Más grande de lo que imaginé desde afuera. Rebosaba de luz amarilla cálida que descendía desde lámparas colgantes y cristales suspendidos en el techo. Los pisos de piedra pulida reflejaban destellos dorados mientras cientos de voces se mezclaban en un murmullo interminable.

Magia.

Libros.

Metalurgia.

Aromas dulces y especiados.

Razas distintas cruzando entre mesas, comerciantes, aventureros y viajeros cubiertos de capas extravagantes. Todo parecía sacado de un cuento imposible.

Y aun así…

La atención no estaba en el lugar.

Estaba en nosotros. No, más bien era …—En él.

Ar avanzaba al frente.

Y verlo caminar entre toda esa luz… era extraño.

Su armadura parecía absorber parte del brillo alrededor. Oscura, pesada, marcada por líneas agresivas y detalles que no entendía del todo. El casco… ese maldito casco… hacía imposible verle el rostro, y quizá por eso daba aún más miedo.

Era demasiado distinto.

Demasiado serio.

Demasiado… amenazante.

La gente comenzó a apartarse.

No de forma exagerada.

Peor.

De esa manera silenciosa que hace evidente el miedo.

Pasos lentos hacia atrás.

Miradas rápidas.

Susurros.

El Alter comenzó a percibirlos casi de inmediato. Fragmentos perdidos entre el ruido del gremio que se filtraban hacia mí como ecos desordenados.

¿Qué hace aquí…?

Nos viene a joder.

¿Lo viste?

¿Será real?

No… debe ser un imitador.

Un enfermito que cree en esas tonterías.

…en serio será ese maldito…

Sentí un escalofrío.

Todo era sobre Ar.

Sobre nosotros.

Luna se mantenía pegada a Ar.

Aferrada a su brazo como si temiera perderlo entre toda la multitud.

Y aunque intentaba ignorarla…

Me costaba.

Porque incluso cubierta por esa capucha oscura, había algo en ella que atraía la mirada de todos. Algo suave… extraño… difícil de explicar.

Los susurros alrededor aumentaban.

El Alter seguía filtrando fragmentos de voces, miedo, dudas, insultos dirigidos hacia Ar… y entonces él inclinó apenas la cabeza hacia Luna.

No escuché lo que dijo.

Pero ella reaccionó.

Dudó un instante.

Y lentamente…

Se quitó la capucha.

El cambio fue inmediato.

Lo sentí.

El gremio entero pareció guardar silencio por un segundo.

Incluso yo.

Me quedé mirándola.

Pasmada.

Luna era… hermosa.

No de esa forma exagerada o perfecta que tienen las esculturas.

No.

Era una belleza viva.

Cálida.

Dolorosamente tierna.

Su cabello color chocolate cayó sobre sus hombros en ondas suaves, brillando bajo la luz amarilla del bazar. Entre él sobresalían sus orejas largas y puntiagudas, similares a las de un cánido, cubiertas por un pelaje fino que se movía apenas al ritmo del ambiente.

Mitad humana.

Mitad bestia.

Y aun así…

Parecía más delicada que cualquiera allí.

Sus ojos…

No pude apartar la mirada de ellos.

Eran de un tono rosa caramelo, cercano al salmón, suaves… brillantes… con una calidez que contrastaba demasiado con toda la tensión del lugar.

Su piel blanquecina reflejaba tenuemente la luz dorada del gremio, y las facciones finas de su rostro hacían que incluso sus expresiones preocupadas se vieran gentiles.

Y su cuerpo…

Curvilíneo.

Elegante.

Natural.

Como si cada movimiento suyo hubiera sido pensado para verse hermoso sin intención de serlo.

Por un momento olvidé los murmullos.

Olvidé el miedo.

Solo…

La miré.

Y eso me confundió todavía más.

Porque Luna claramente quería a Ar.

Se notaba en cómo se aferraba a él, en cómo buscaba esconderse detrás suyo y aun así mantenerse cerca. Había algo posesivo… protector… casi desesperado.

Pero incluso entendiendo eso…

Incluso sintiendo esa punzada extraña en el pecho…

No podía evitar pensar que era hermosa.

Demasiado.

Y lo peor fue lo que ocurrió después.

La reacción del bazar.

Las miradas cambiaron.

Ya no solo había miedo.

Había reconocimiento.

Personas deteniéndose en seco.

Susurros apresurados.

Otros apartándose aún más.

El Alter captó fragmentos dispersos:

No puede ser…

Ella también está aquí…

Entonces sí es él…

¿Qué hacen en Leim…?

Sentí cómo el aire se volvía más pesado.

Luna volvió a acercarse más a Ar apenas algunas personas comenzaron a mirarla demasiado.


 
 
 

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