top of page
Buscar

Continuación del capítulo 7.6

Y yo…

Solo seguía intentando entender qué estaba pasando.

Porque cuanto más avanzábamos entre aquella ciudad de luz amarilla, magia y belleza…

Más sentía que nosotros no pertenecíamos ahí.

O peor.

Que el bazar sabía perfectamente quiénes éramos.

Itsuki bajó un poco la cabeza.

Adam siguió caminando sin reaccionar, aunque podía sentir la tensión en él.

Y yo…

Solo quería desaparecer.

Bajé la mirada.

Intentando ocultarme.

Intentando ignorar las voces.

Y entonces lo vi.

El suelo.

La piedra bajo nuestros pies brillaba suavemente por la iluminación del lugar… pero mis pasos…

Mis pasos eran distintos.

Cada vez que avanzaba, un tenue resplandor quedaba detrás de mí. Como un prisma húmedo reflejando colores imposibles. Un arcoíris apenas visible danzando sobre el suelo antes de desvanecerse lentamente.

Me detuve un segundo.

Nadie parecía notarlo.

O quizá sí.

Y eso me puso peor.

Tragué saliva y seguí caminando, abrazándome un poco más a mí misma mientras intentaba esconderme entre ellos.

Pero no podía dejar de mirar alrededor.

Porque incluso nerviosa…

Incluso asustada…

La ciudad era hermosa.

La luz amarilla bañaba balcones, vitrales y estructuras de madera maple adornadas con vegetación que descendía desde las alturas. Flores colgaban entre cadenas metálicas y vigas antiguas, mezclándose con magia flotando como pequeñas luciérnagas entre la multitud.

Era imposible no admirarlo.

Un lugar tan vivo…

Y aun así…

Nos miraban como si hubiéramos traído algo terrible con nosotros.

O quizá…

Como si algo terrible acabara de entrar.

Atravesamos el bullicio.

Subimos.

Escaleras de madera que crujen apenas bajo nuestros pasos, pasillos donde la luz se vuelve más tenue, más íntima. Las voces del bazar se quedan abajo, pero nunca desaparecen del todo.

Esta ciudad…

No duerme.

Lo siento.

Finalmente llegamos a una zona más tranquila.

Paredes blancas.

Simples.

Casi en contraste con todo lo demás.

Puertas alineadas.

Un respiro.

Una pausa.

Adam se detiene un momento, como si quisiera decir algo… pero no lo hace.

Solo asiente.

Youni observa.

Siempre analizando.

Luna… no entra.

Se queda afuera.

Con Ar.

Eso… me pesa.

Itsuki aprieta un poco más mi mano antes de soltarla.

Entramos.

La habitación es sencilla.

Pero no vacía.

La cama, la madera, los detalles… todo está cuidado.

Y entonces—

La ventana.

Me acerco casi sin darme cuenta.

Un marco de vitral la rodea, fragmentos de color que suavizan la luz exterior… y más allá—

El cielo.

Estrellas.

Muchas.

Brillando sobre la ciudad que sigue viva abajo.

Luces, movimiento, sombras que van y vienen.

Un murmullo constante que sube hasta aquí.

Apoyó la mano en el marco.

Frío.

Real.

Exhalo.

—…no pensé que sería así —murmuró, más para mí que para Itsuki.

Siento su presencia detrás.

Cercana.

Familiar.

Y por primera vez en todo este caos…

Me detengo.

De verdad. Porque incluso aquí…

Con las estrellas frente a mí…

Con la ciudad respirando allá abajo…

Sigo sintiendo lo mismo.

Que algo me espera.

Que esto…

Es solo el inicio.

La habitación… no se siente como un lugar de paso.

Se siente… viva.

Cálida.

Cierro la puerta detrás de nosotras y por un momento dejo que mi mirada se pierda en un punto muerto sobre la belleza del lugar y mis pensamientos..

Las camas no son simples estructuras ordenadas como en Idalia. No hay rigidez, no hay líneas perfectas ni esa sensación de eficiencia fría. Aquí todo es distinto… más suave… más calido.

Los colchones parecen hundirse apenas, como si invitaran a quedarse. Hay capas de telas, mantas gruesas, cojines de distintos tamaños acomodados sin seguir una lógica exacta… pero que, de alguna forma, encajan. Los colores son cálidos, profundos… y la madera que los rodea mantiene ese tono maple que vi abajo, abrazando el espacio.

No es minimalista.

No es práctico.

Es… acogedor.

Como si alguien hubiera pensado en el descanso de verdad.

Me acerco a la ventana.

Está entreabierta.

El aire frío entra suavemente, moviendo apenas las cortinas. El vitral filtra los colores, y más allá… las estrellas siguen ahí.

Vigilando.

La ciudad no duerme.

Y ahora…

Nosotras tampoco.

Siento a Itsuki moverse detrás de mí. Cuando volteo, ya está sentada sobre la cama, rodeada de cojines… y con algo en las manos.

Pequeños chocolates.

Caramelos.

Levanta uno, lo muestra, y luego hace una seña.

Entiendo.

Sonrío apenas.

Asiento.

Nos sentamos frente a frente.

Entre nosotras, los pequeños dulces.

Nuestro lenguaje.

Una forma de no perdernos.

Itsuki comienza.

Sus manos se mueven rápido, pero claro. A veces toma un caramelo y lo deja entre nosotras… como marcando una pausa… o una idea.

El Alter me ayuda.

Traduce lo que no alcanzo a seguir del todo, acomodando sus palabras dentro de mí.

—Youni me dijo algo… —interpreto.

Me quedo quieta.

Atenta.

Itsuki baja un poco la mirada antes de continuar, como si no estuviera segura de cómo decirlo.

Otro caramelo.

Otra pausa.

—Sobre Ar.

Siento un pequeño nudo formarse.

—Cree saber por qué vino aquí.

Parpadeo.

Mi atención se afila.

Las manos de Itsuki se mueven otra vez.

Más lento ahora.

Más cuidadoso.

—No es solo por ti.

Eso… No me lo esperaba.

El Alter no suaviza nada.

Llega directo.

Miro el caramelo entre nosotras.

No lo tomo.

—Dice que Ar… —continúa— …cree que en Leim hay algo que puede probarlo.

Frunzo el ceño.

—¿Probarlo…? —pregunto, apoyándome en el Alter para que lleve mi intención.

Itsuki asiente. Acompañado de un un movimiento ligero de manos intentando moderar mi tono de voz.

Asiento, y sorrio.

—Probar si eres tú… —hace una pausa— …o si no lo eres.

El aire se vuelve más frío.

La ventana abierta deja entrar más de lo que esperaba.

—Y si no eres tú… —sus manos dudan apenas— …entonces algo más debería reaccionar.

Silencio.

El bullicio de la ciudad sigue allá abajo.

Lejano.

Constante.

Pero aquí…

Todo se vuelve más pesado.

Miro hacia la ventana.

Las estrellas.

Como si estuvieran escuchando.

—Leim no es solo un paso —añade el Alter, tomando lo que Itsuki no termina de decir—. Es un punto de origen… o de juicio.

Aprieto ligeramente la tela bajo mis manos.

Entonces…

Estamos aqui para comprobar algo.

Algo sobre mí.

Exhalo despacio.

—…entonces Ar no cambió de opinión —murmuró—.

Itsuki me mira.

Atenta.

—Solo está esperando… confirmarlo.

Tomó finalmente un caramelo.

Lo giro entre mis dedos.

—¿Y si no soy yo? —pregunto.

Esta vez no necesito que el Alter traduzca.

Itsuki lo entiende igual.

Se queda en silencio.

Luego…

Niega suavemente.

Pero no responde.

Y eso…

Dice más que cualquier palabra.

Vuelvo a mirar las estrellas. El viento mueve apenas el vitral.

Y en ese instante…

Entiendo algo.

No importa cuánto me lo repitan.

No importa cuánto lo dude.

Mañana…

Aquí…

En Leim…

Algo va a responder.

Y no sé…

Si quiero saber qué.

Antes de acostarme… no puedo.

Algo en mí no se apaga.

Me levanto despacio de la cama, tomo una de las almohadas y la abrazo contra mi pecho. Es suave… demasiado. Nada que ver con lo que teníamos en Idalia. Me dejo caer un poco contra el respaldo, mirando los dulces entre nosotras.

Pequeños.

Brillantes.

Simples.

Pero ahora… importantes.

Itsuki me observa.

Luego sonríe apenas.

Levanta una mano y comienza a hacer señas.

—Si es un banquete… disfrutémoslo con las estrellas.

El Alter traduce, pero no lo necesito del todo.

Lo entiendo.

Y en cuanto lo dice…

Un recuerdo me cruza.

Shouko.

La pequeña, Riéndose por algo igual de simple.

Trago saliva.

No digo nada.

Pero asiento.

Itsuki se inclina hacia el buró entre las camas y deja caer algo con un pequeño sonido metálico.

Clink.

Miro.

Monedas.

Pero no como las que conozco.

Son distintas.

De formas irregulares, algunas con incrustaciones, otras con símbolos que no alcanzo a reconocer a primera vista. Reflejan la luz cálida de la habitación de una manera… extraña.

Itsuki vuelve a hacer señas.

Más animada ahora.

—Youni me advirtió de la economía en el bazar.

El Alter lo organiza en mi mente, claro, directo.

Mi mirada se queda fija en las monedas.

Atenta.

Expectante.

Porque sé…

Que esto no es solo un detalle.

Es otra pieza.

Otra cosa que no entiendo.


 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Continuación del capítulo 7.7

Otra cosa que… voy a tener que aprender rápido. Aprieto un poco más la almohada contra mí. Y por un momento… Quiero pretender que escuchó el leve sonido de la ciudad allá afuera. Y el eco de todo lo q

 
 
 
Continuación del capítulo 7.5

Según los registros, Leim era el nombre de la deidad madre… la que dio origen a todo: tierra, ríos, mares… Y ese punto exacto— La puerta frente a nosotros— Era donde, supuestamente, todo comenzó. Ahor

 
 
 
Continuación del capítulo 7.4

—Pensamos que iríamos al hangar del Ark 10… donde estamos conectados… Pero no termina. Ar lo interrumpe. Otra vez. Más firme. Más intenso. —Lo que hiciste con la mano… el ataque a Baran… Silencio. —No

 
 
 

Comentarios

Obtuvo 0 de 5 estrellas.
Aún no hay calificaciones

Agrega una calificación
bottom of page