Continuación del capítulo 9.1
- Jonn All
- 13 jul
- 6 min de lectura
Ya no podía quedarme observando.
Ya no podía esperar respuestas antes de actuar.
Así que avancé.
Y con la voz todavía torpe, con palabras que sentía extrañas por no escucharme a mí misma, dije:
—Ayúdenlo… por favor.
No sabía cómo sonó.
No sabía si mi pronunciación era correcta.
No sabía si entendían realmente lo que quería decir.
Pero sé que me escucharon.
Porque detrás de nosotros…
La oscuridad se iluminó.
Las llamas se levantaron entre la niebla.
Y por primera vez desde que llegamos a Leim…
Entendí algo.
No estábamos solos.
Y ya no era momento de buscar únicamente respuestas.
Era momento de defender esta ciudad…
y descubrir qué estaba ocurriendo en sus calles.
La Arconte parecía un maniquí.
No se movía.
Su mirada seguía clavada en mí, inmóvil, como si estuviera intentando encontrar una respuesta en mi rostro.
A mi espalda, el resplandor del fuego descendía lentamente entre la niebla. Las llamas iluminaban el agua oscura y los restos de aquella ciudad hundida, creando sombras que se movían sobre las paredes antiguas.
Y entonces decidí.
Yo también iba a participar.
Una brisa cálida me cubrió.
Al principio fue suave.
Casi reconfortante.
Pero en un instante comprendí que no era solo viento.
La corriente se extendió frente a mí y se transformó en una onda expansiva que recorrió la ciudad como una melodía invisible. Atravesó el agua, envolvió a quienes estaban cerca y limpió por un momento la niebla que nos rodeaba.
Y entonces…
Volví a arder.
Ante las miradas de todos, sentí cómo algo dentro de mí despertaba otra vez.
Mi cabello cambió.
El tono cenizo desapareció poco a poco desde las puntas, revelando un brillo distinto, como un fuego fatuo atrapado entre cada hebra. Pequeñas chispas se desprendían de mí, flotando alrededor como si mi propia energía estuviera quemando el aire.
Y por primera vez pude verlo con claridad.
La defensa de la ciudad.
Los aventureros.
Las distintas razas que habían llegado de todos los rincones.
Todos peleando contra aquella cosa.
No era una confusión.
Era una batalla.
Ar también estaba ahí.
Lo atacaban.
De la misma manera.
Pero él no retrocedía.
Seguía avanzando entre una ciudad inundada, rodeado de enemigos, como si estuviera atrapado en una cacería donde él era el objetivo.
Entonces, en medio del caos…
El Alter reaccionó.
Entre las calles cubiertas de agua turbia, entre las siluetas de los aventureros y las sombras moviéndose alrededor, una frase apareció.
LA PUERTA ESTÁ ABIERTA.
Mi respiración se detuvo.
LEIM HA DESPERTADO.
Por un instante pensé…
Que era algo bueno.
Que despertar significaba regresar.
Recordar.
Encontrar respuestas.
Pero entonces sentí unas manos.
Frías.
Temblorosas.
Itsuki.
Tomó las mías.
Cuando volteé, vi su rostro.
Intentaba ocultarlo.
Como si no quisiera que yo viera su miedo.
Entonces puso algo entre mis manos.
Un caramelo.
El mismo gesto de antes.
Un pequeño intento de decirme que seguía ahí.
Que no estaba sola.
Pero entonces Youni apareció.
Tomó uno de mis brazos.
Sus señas fueron rápidas.
Agitadas.
Claras.
Las manos cruzadas.
La expresión negando.
No.
Esto no estaba bien.
La calma desapareció.
Miré hacia Adam.
Estaba diferente.
Tenía un pequeño micrófono junto a sus labios. Sus dedos lo ajustaban mientras ocultaba parte del dispositivo.
Se estaba comunicando.
Con alguien.
Con tropas.
Con personas fuera de aquí.
No estábamos solos.
Pero tampoco era una buena señal.
Entonces—
La Arconte reaccionó.
De golpe.
Sin aviso.
Sus manos me tomaron y tiró de mí con una fuerza que no esperaba.
No entendí.
No pude reaccionar.
Solo sentí cómo me arrancaba del grupo y me lanzaba hacia el agua.
El impacto me dejó sin aire.
El mundo giró.
Mi cuerpo cayó.
Y cuando intenté comprender qué había pasado…
Un silbido atravesó mis oídos.
Un sonido agudo, extraño.
Como si mi propio cuerpo intentara avisarme de algo.
Entonces lo vi.
Una vara azul.
Atravesando el dibujo de mi sombra.
Clavándose en el hombro de la Arconte.
El movimiento la obligó a girarse.
Y por primera vez…
Vi su rostro.
No era enojo.
No era amenaza.
Era dolor.
Y preocupación.
La expresión de todos cambió.
Antes de que pudiera entenderlo…
Cayó.
Rápido.
Demasiado rápido.
Y el miedo me alcanzó.
El agua me rodeaba.
Las sombras también.
Estaban alrededor.
Nos habían cercado.
Intenté moverme.
Reaccionar.
Defenderme.
Pero antes de poder hacerlo…
Ar apareció.
Sus brazos me sacaron del agua.
Me sostuvo con fuerza.
Segura.
Sin soltarme.
Y entre el caos, sus manos comenzaron a moverse.
Esta vez…
Pude entenderlo.
El Alter estabilizó la conexión.
No había barrera.
No había distancia.
Solo él.
Sus señas eran claras.
Directas.
Terribles.
Su mirada no dejaba espacio para dudas.
Tenemos que irnos.
Una pausa.
Y después:
Tu vida está en peligro.
Quise sentir miedo.
Pero pensar en eso no iba a cambiar lo que estaba pasando.
Otra vez estábamos en medio de algo que no entendíamos y salir de aquí no sería sencillo.
El agua se movía alrededor de nosotros.
La magia chocaba contra la oscuridad.
Entonces las chispas comenzaron a extenderse y la superficie turbia empezó a reaccionar. Una corriente cálida me rodeó, levantándose como una brisa que parecía tener voluntad propia.
Las luces atravesaron el agua.
Algo estaba emergiendo.
Por un instante pensé que era otra amenaza, hasta que una forma apareció frente a mis ojos. Algo parecido a un látigo enorme con fauces se formó entre la corriente y se lanzó contra aquellas criaturas cubiertas de esa sustancia negra, con colores brillantes marcando la infección sobre sus cuerpos.
Aquello no era solo una pelea.
Era una defensa.
Miré hacia atrás.
La ciudad estaba moviéndose.
Desde los callejones inundados, entre restos de piedra y estructuras antiguas, comenzaron a aparecer más personas.
Aventureros.
Guerreros.
Gente que conocía este lugar y que ahora estaba luchando por él.
Vi armaduras desplazándose entre los techos, figuras rápidas cruzando las alturas y sombras que se movían entre la niebla.
Y entonces los vi.
Magos.
Realmente había magos ahí.
Sus ropas se agitaban con el viento húmedo, sus bastones brillaban y pequeñas luces flotaban sobre sus manos, iluminando el agua oscura como estrellas atrapadas en medio de la ciudad.
Algunos lanzaban hechizos con precisión.
Otros protegían a quienes estaban a su alrededor.
No peleaban por fama.
No peleaban por una recompensa.
Estaban defendiendo su hogar.
Y mientras los observaba, algo dentro de mí comenzó a relajarse.
No porque el peligro hubiera desaparecido.
Seguía ahí.
Seguíamos rodeados.
Pero ya no sentía que todo dependía de Ar.
Él seguía frente a mí, firme, preparado para protegernos.
Pero a su alrededor había más personas levantándose.
Más manos.
Más voluntades.
Personas que no conocía, que no sabían quién era yo, que quizá incluso me habían visto con miedo antes…
y aun así estaban ahí.
Luchando.
Protegiendo este lugar.
Protegiéndonos.
Mi mirada recorrió la ciudad inundada, las luces reflejadas en el agua, las siluetas moviéndose entre la niebla y el fuego que iluminaba las antiguas estructuras.
Todo aquello parecía imposible.
Una ciudad hundida.
Un pueblo extraño.
Una batalla que no comprendía completamente.
Y aun así…
Estaban ahí.
Entonces sonreí.
No por victoria.
Todavía no.
Sonreí porque después de tantos caminos donde sentí que solo avanzaba intentando no caer…
por fin podía ver algo diferente.
No estaba caminando sola.
No era una pieza perdida esperando que alguien más decidiera su destino.
Había personas a mi lado.
Personas que luchaban.
Personas que tenían miedo y aun así avanzaban.
Y en medio de aquella ciudad cubierta de agua, fuego y niebla…
sentí algo que había olvidado.
La sensación de pertenecer a algún lugar.
Así que simplemente les regalé una sonrisa.
Una sincera.
Una que no pedía respuestas.
Solo agradecía.
Pude llegar hasta donde estaban la Arconte y mis compañeros.
Itsuki fue la primera en acercarse.
Me tomó del hombro y, junto con Adam y Youni, me observaron fijamente. No era una mirada de duda… era como si intentaran asegurarse de que realmente estaba ahí, de que no había cambiado algo más de lo que ya habían visto.
Sus ojos recorrieron mi rostro, mis manos, mi expresión.
Como buscando una respuesta.
Yo solo hice la seña de que no podía escuchar.
Y sonreí.
Detrás de nosotros, la batalla seguía extendiéndose.
Apenas unos metros más allá de la estructura donde habíamos pasado la noche, la ciudad se había convertido en un campo de combate. Las calles inundadas estaban cubiertas de movimientos, magia y sombras mientras los infectados intentaban formar un frente.
Pero no avanzaban.
No podían.
Los aventureros los mantenían contenidos.
El amanecer comenzaba a dibujarse sobre nosotros.
Una luz vieja y suave se reflejaba en el agua, entre los restos de aquella ciudad hundida y las siluetas de quienes seguían luchando.
Por un momento solo observé.
El mundo parecía extraño.
Hermoso y terrible al mismo tiempo.
Entonces Ar se acercó.
Sin dudar.
Sin detenerse.
De alguna manera podía sentir cuándo estaba cerca.
Aunque no escuchara sus pasos, aunque el silencio siguiera siendo mi mundo, había algo en su presencia que reconocía.
Su armadura oscura avanzó entre la niebla.
Y cuando su casco giró hacia otro punto…
Lo entendí.
No necesitaba palabras.
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